Biden arruina las cruciales relaciones con la India y oriente medio

La caótica retirada de Afganistán ordenada por el presidente Biden ha arruinado, quizá para décadas, la más importante relación bilateral de EEUU en el momento presente.

Si Washington va a ejercer la disuasión frente a una China militante, necesita el apoyo de la democrática India. Por desgracia, todo indica que la India es el país más inmediatamente –y quizá más negativamente– afectado por esa debacle provocada por Biden. En consecuencia, Nueva Delhi podría optar por alinearse no con Washington sino con un aliado de Pekín: Moscú.

Nueva Delhi era uno de los más firmes defensores del Gobierno afgano respaldado por EEUU y colaboraba con EEUU en la guerra contra el Talibán y demás grupos insurgentes. Un ejemplo: los servicios de inteligencia indios fueron determinantes en la desarticulación de un círculo afgano de espías chinos que trabajaba con la Red Haqani. La Administración Trump pensaba que esos individuos, que fueron puestos bajo custodia en diciembre, ofrecían dinero por, entre otras cosas, matar soldados americanos desplegados en el país.

Para obtener seguridad, Nueva Delhi ha venido poniendo el foco en Washington. En consecuencia, los amigos de Rusia y China en los círculos políticos indios habían ido perdiendo influencia, como quedó especialmente de manifiesto tras las incursiones chinas en Ladaj a principios de mayo del año pasado. Los amigos de Rusia quedaron deslegitimados porque Moscú había asegurado a Nueva Delhi que el movimiento de fuerzas chinas en el Tíbet inmediatamente anterior a la invasión no eran sino unas maniobras militares.

“Hay una revaluación en curso”, añade. “Una posible consecuencia es que Nueva Delhi colabore más estrechamente con Tokio, y posiblemente con Canberra y Taipei”. Japón, Australia, la India y EEUU forman el denominado Quad, que hasta la caída de Kabul se comportaba como una agrupación eficaz.

Tras la caída de Afganistán, Taiwán se ha convertido en el test fundamental de la resolución norteamericana, sobre todo porque el presidente Biden ha justificado la retirada como una maniobra estratégica para contener a Rusia y a China. “El mundo ha cambiado”, les dijo a los estadounidenses el 31 de agosto; “estamos implicados en una competición de gran importancia con China y afrontando los desafíos que plantea Rusia en múltiples frentes”.

Es significativo que el 27 de agosto el destructor USS Kidd y el guardacostas USCG Munro atravesaran el Estrecho de Taiwán, luego de que la vicepresidenta Kamala Harris saludara los comentarios procedentes de Singapur y Hanoi sobre el “bullying” chino en el Mar del Sur de China.

Con la caída de Kabul, los propagandistas chinos han promovido dos mensajes: que EEUU no defenderá Taiwán y que unos EEUU incapaces de lidiar con el Talibán no pueden plantar cara a China.

Por lo que se podría deducir que; la retirada de Afganistán fue interpretada en Pekín como un rotundo fracaso de la comunidad de inteligencia norteamericana, el Pentágono y el equipo de seguridad nacional de la Casa Blanca.

Si son buenos musulmanes, me soltarán”, le dijo Zia Ul Haq a un periodista del Wall Street Journal este mismo agosto. Dos días después se resolvió el condicional: los pretendidos “buenos musulmanes”, sus enemigos del Talibán, conquistaron Kabul y decidieron no serlo, asaltaron la prisión en la que estaba recluido –purgando una condena de 800 años– y, lejos de liberarlo como a la inmensa mayoría de los otros reclusos, lo asesinaron, junto a ocho correligionarios.

La relación entre el Talibán y Al Qaeda sigue siendo tan estrecha como lo era el 11 de septiembre de 2001. El Talibán procuró refugios seguros a Al Qaeda mientras ésta planeaba y preparaba los ataques del 11-S. A día de hoy, Al Qaeda sigue en Afganistán, con pleno respaldo del Talibán. Proclamar que Al Qaeda se ha “ido” del país es sencillamente falso.

1. Aymán al Zawahiri, líder máximo de Al Qaeda, juró fidelidad al actual emir del Talibán, Haibatulá Ajundzada.

Este es Haibatulá Ajundzada. En árabe, Hibatulá significa “regalo de Alá”.

Osama ben Laden hizo lo propio con el fundador del Talibán, el mulá Omar, antes del 11-S. El Talibán jamás ha renunciado a ese compromiso sagrado con Al Qaeda.

2. Al Qaeda tiene una presencia activa en al menos 15 de las 34 provincias de Afganistán, según un informe publicado por el Consejo de Seguridad de la ONU el pasado junio. Informe consistente con los propios reportes de Al Qaeda y con otras fuentes oficiales. Así, el Departamento del Tesoro de EEUU advirtió en enero de que Al Qaeda estaba “cobrando fuerza en Afganistán, [donde] sigue operando con el Talibán y bajo protección del Talibán”. Al Qaeda, añadía, tiene “una red de mentores y consejeros empotrados en el Talibán, que le procuran consejo, guía y apoyo financiero”.

3. La Red Haqani, considerada por EEUU Organización Terrorista Foránea, es parte integral del Talibán y ha sido el más estrecho aliado de Al Qaeda desde los años 80. Su líder, Sirayudín Haqani, es el nuevo ministro del Interior del Talibán, del que además es vice-emir desde 2015. Sirayudín ha trabajado estrechamente con Al Qaeda durante años. Un informe reciente de Naciones Unidas lo identificaba como miembro de la “plana mayor de Al Qaeda”.

4. Muchos de los yihadistas que el Talibán ha nombrado ministros han sido sancionados por Naciones Unidas por sus lazos con el terrorismo. Otros son considerados terroristas por EEUU. Numerosos miembros del flamante régimen talibán han trabajado con Al Qaeda.

5. Entre 1996 y 2001, el Talibán rechazó más de 30 peticiones de EEUU y la ONU para que entregara a Osama ben Laden. Tras los atentados contra las embajadas norteamericanas en Kenia y Tanzania (1998), los ataques más mortíferos de Al Qaeda antes del 11-S, el entonces ministro de Asuntos Exteriores del Talibán, Hasán Ajund, rechazó un ultimátum de la ONU. “Jamás entregaremos a Osama, a ningún precio”, dijo. Hoy, Ajund es el jefe del Estado talibán. Por lo que hace al mulá Omar, se negó a entregar a Ben Laden aun después de los atentados del 11-S.

6. El Talibán sigue culpando a EEUU del 11-S y nunca ha admitido la culpabilidad de Al Qaeda. En un vídeo emitido por la televisión nacional afgana a principios de este mes, el Talibán homenajeó a sus escuadrones suicidas y proclamó que el peor ataque terrorista jamás registrado tuvo por causa la “política” norteamericana.

7. En 2014 Aymán al Zawahiri anunció la formación de una nueva rama de su red global, Al Qaeda en el Subcontinente Indio (AQSI). AQSI se fundó para ayudar al Talibán a resucitar su Emirato Islámico y para la exportación del terrorismo a toda la región. Cientos de combatientes de AQSI ayudaron al Talibán a ganar la guerra. En 2015, fuerzas norteamericanas y afganas asaltaron dos enormes campos de entrenamiento de AQSI en el sur de Afganistán. Uno de ellos tenía unos 50 kilómetros cuadrados, lo que probablemente lo convierta en el mayor complejo de Al Qaeda descubierto durante el conflicto.

8. Durante el conflicto, hubo presencia de la cúpula de Al Qaeda en territorio talibán. En octubre del año pasado, uno de los líderes más destacados de la organización, Husam Abdal Rauf, fue abatido durante un raid antiterrorista en una aldea de la provincia de Ghazni controlada por el Talibán. En septiembre de 2019, Asim Umar, primer emir de AQSI, fue eliminado en un bastión talibán de la provincia de Helmand. Según un informe publicado por el Consejo de Seguridad de la ONU, una “parte significativa” de la cúpula de Al Qaeda “sigue radicada en la región fronteriza entre Afganistán y Pakistán”. Y Afganistán se sigue considerando un “refugio seguro”.

9. Otros grupos afiliados a Al Qaeda, como Tehrik e Talibán Pakistán (TTP), ayudaron a los talibanes a derrocar al Gobierno de Kabul. El TTP es una organización designada terrorista por EEUU, tiene una amplia base de operaciones en Afganistán y es abiertamente leal al Talibán afgano. El TTP estuvo detrás del intento de atentado en Times Square del 1 de mayo de 2020, y ha perpetrado ataques letales en Pakistán.

10. La cúpula de Al Qaeda saludó la vuelta al poder del Talibán como una “victoria histórica”, y afirmó que los musulmanes de todo el mundo deberían respaldar al Emirato Islámico de Afganistán. Decenas de grupos vinculados a Al Qaeda y de individuos de ideas semejantes han visto en la victoria talibán una bendición para el movimiento yihadista global.

Por hablar en clave comunista: el ISIS sería la Yihad Trotskista (permanente) o Maoísta y hasta Polpotista (intransigente) y la Al Qaeda escarmentada –en cabeza propia (campaña useña post 11-S) y ajena (la aniquilación del califato del propio ISIS)–, la Yihad posibilista, centrada en la consolidación en un solo país –ayer en Siria y hoy, veinte años después del 11-S, precisamente en Afganistán–. Al Qaeda sería, pues, la Yihad Bujarinista-Stalinista, y se presenta ante las sociedades islámicas y, sobre todo, ante el resto del mundo como la Yihad Moderada, para tantos el Mal Menor.

Por el momento Israel calla pero desde luego no duerme. Todo indica que Israel, que ya no está diplomáticamente aislado, va a asumir un rol político y militar más prominente en Oriente Medio. Tras sus generosas ofertas de paz, países árabes como Egipto y Jordania decidieron hace décadas establecer relaciones diplomáticas con el Estado judío. Más recientemente, otros países musulmanes, como Emiratos, Baréin, Marruecos y Sudán, decidieron asimismo normalizar sus tratos con Israel. En el momento presente, esos poderosos lazos parecen estar llevando la cooperación a unos niveles estratégicos inauditos, especialmente en lo relacionado con la desestabilizante amenaza que representa un Irán cada vez más agresivo y hegemónico.

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