Afganistán el desastre USA

El gobierno de Biden anunció en julio que todas las tropas estadounidenses se retirarían de Afganistán para el 31 de agosto, poniendo fin a la guerra más larga de Estados Unidos, que comenzó bajo el presidente George W. Bush después de los ataques terroristas del 9/11. A medida que la presencia militar de Estados Unidos disminuía, los talibanes comenzaron a ganar poder sobre las capitales de provincia, y el domingo, los combatientes talibanes tomaron la capital afgana, Kabul, reclamando el control del país después de nueve días.

Los talibanes han llegado al poder en Afganistán dos semanas antes de que Estados Unidos estuviera listo para completar su retirada de tropas después de una costosa guerra de dos décadas.

Más de un billón de dólares “invertidos” la guerra contra el terrorismo lanzada en 2001 a raíz de los atentados del 11-S en Estados Unidos ha dejado un total de 149.000 muertes directas en Afganistán y Pakistán, incluidos más de 47.700 civiles.

En los países occidentales, la opinión pública vive convencida de que el colonialismo es cosa del pasado, cree que sus Estados ya no practican las matanzas en masa. La realidad es muy diferente. Varias asociaciones internacionales acaban de demostrar que sólo en Afganistán, Pakistán e Irak, las guerras impuestas por las naciones occidentales ya han dejado probablemente más de 4 millones de muertos.

En su rápida huida el ejercito USA ha abandonado una cantidad ingente de material militar vehículos de todo tipo, diverso tipo de armamento, munición y drones. Imposible de saber con seguridad que otro material e información de ha abandonado y no destruido. Washington gastó más de 80.000 millones de dólares en los últimos 20 años para armar y equipar al Ejército Nacional Afgano (ANA, por sus siglas en inglés), la fuerza de combate leal al gobierno respaldado por EE.UU. en Kabul. Todo ello ahora en poder de los taliban por abandono del ANA.

Un oficial de defensa de Estados Unidos confirmó a Associated Press que los talibanes han acumulado una cantidad enorme de equipos militares suministrados por Washington al ejército afgano, dada la rapidez con la que los insurgentes pudieron tomar control del país, con poca resistencia de las fuerzas del Gobierno de Afganistán.

Pero si podemos saber que los taliban se han incautado de dispositivos biométricos militares estadounidenses que podrían ayudar en la identificación de los afganos que ayudaron a las fuerzas de la coalición, según acaban de declarar funcionarios militares conocidos como HIIDE, para equipos portátiles de detección de identidad interagencia, fueron incautados la semana pasada durante la ofensiva de los talibanes, según un funcionario del Comando Conjunto de Operaciones Especiales y tres ex militares estadounidenses, todos los cuales estaban preocupados de que los datos sensibles que contienen pudieran ser utilizados por los talibanes. Los dispositivos HIIDE contienen datos biométricos de identificación, como escaneos de iris y huellas dactilares, así como información biográfica, y se utilizan para acceder a grandes bases de datos centralizadas. No está claro qué parte de la base de datos biométricos del ejército estadounidense sobre la población afgana se ha visto comprometida.

Si bien el ejército de Estados Unidos lo facturó como un medio para rastrear a terroristas y otros insurgentes, los datos biométricos de los afganos que ayudaron a Estados Unidos también se recopilaron ampliamente y se usaron en tarjetas de identificación, dijeron las fuentes. “Procesamos a miles de lugareños al día, tuvimos que identificarnos, barrer en busca de chalecos suicidas, armas, recolección de información, etc.”, explicó un contratista militar estadounidense. “[HIIDE] se utilizó como una herramienta de identificación biométrica para ayudar a los locales de identificación que trabajan para la coalición”. Un portavoz de la Agencia de Inteligencia de Defensa remitió las preguntas a la Oficina del Secretario de Defensa, que no respondió a una solicitud de comentarios.

Un veterano de operaciones especiales del Ejército dijo que es posible que los talibanes necesiten herramientas adicionales para procesar los datos de HIIDE, pero expresó su preocupación de que Pakistán ayude con esto. “Los talibanes no tienen el equipo para usar los datos, pero el ISI sí”, dijo el exfuncionarios de Operaciones Especiales, refiriéndose a la agencia de espionaje de Pakistán, Inter-Services Intelligence. Se sabe que el ISI trabaja en estrecha colaboración con los talibanes.

El ejército estadounidense ha utilizado durante mucho tiempo dispositivos HIIDE en la guerra global contra el terrorismo y utilizó la biometría para ayudar a identificar a Osama bin Laden durante la redada de 2011 en su escondite paquistaní. Según la periodista de investigación Annie Jacobsen, el Pentágono tenía como objetivo recopilar datos biométricos sobre el 80 por ciento de la población afgana para localizar a terroristas y criminales.

“No creo no puedo creer que nadie haya pensado en la privacidad de los datos o qué hacer en caso de que el sistema [HIIDE] cayera en las manos equivocadas”.

Estados Unidos no solo recolectó información sobre criminales y terroristas; el gobierno también parece haber estado recopilando datos biométricos de afganos que ayudan a los esfuerzos diplomáticos, además de aquellos que trabajan con el ejército. Por ejemplo, un reciente empleo de un contratista del Departamento de Estado intentó reclutar a un técnico biométrico con experiencia en el uso de HIIDE y otros equipos similares para ayudar al personal veterinario e inscribir a afganos locales que buscaban empleo en embajadas y consulados de Estados Unidos.

Un artículo de febrero de 2020 publicado por el Ejército indicó que el servicio estaba modernizando su tecnología de procesamiento biométrico de 20 años de antigüedad y había ahorrado más de 1 millón de entradas en el Sistema Automatizado de Identificación Biométrica del Pentágono, o ABIS, que alberga HIIDE y los datos recopilados por otros dispositivos también.

La historieta de este bochorno se remonta a la década de los setenta del pasado siglo, cuando los servicios de inteligencia americanos, sionistas, del resto de Occidente y de varios socios regionales se mancomunaron para derribar al gobierno progresista afgano mediante el fomento de grupos armados dirigidos por varios señores de la guerra. Personajes como el entonces consejero de Seguridad Nacional, de origen polaco, Zbigniew Brzezinski, promovieron desde julio de 1979 la ayuda masiva a los titulados mujaidines con dos propósitos clave: desbancar a las autoridades nacionales y promover el involucramiento militar soviético para propinar a Moscú “su propio Vietnam”.

En diciembre de ese mismo año, las tropas de la URSS cruzaron las fronteras al llamado de Kabul, para enredarse en un conflicto que solo abandonarían nueve años después, en mayo de 1988, con el contento yanqui de haberles hecho caer en la trampa. Para entonces Brzezinski admitía la estrecha alianza de Washington con grupos terroristas como Al Qaeda en el desgaste de los soviéticos y aducía, ante interrogantes de la prensa, que “armar y apoyar a un par de musulmanes fanáticos” bien valía la pena si ello implica golpear severamente al Kremlin.

Hacia 1994 Afganistán había derivado en un virtual reguero de bandas y “señores de la guerra” enfrentados por hacerse del poder, mientras otros “apuros” llegaban a la mesa de la Oficina Oval. El influyente consorcio energético estadounidense UNOCAL, (actual Chevron) uno de cuyos asesores principales era el afgano-norteamericano Zalmay Khalilzad, ligado estrechamente a la CIA y a la Casa Blanca, demandaba la “estabilización” en Afganistán para poder atravesar el país con sus tuberías petroleras y de gas camino al Océano Indico.

Origen e historial Talibán

Lo demás es sabido: los atentados del 11 de septiembre de 2001, la invasión “antiterrorista” en Afganistán y en buena parte del Oriente Medio y Asia Central, la saga que presumiblemente terminó con la vida del líder de Al Qaeda y dejó intacta la posibilidad de “seguir colaborando” mano a mano con esa entidad y sus ramales en Irak, Libia y Siria, y de promover otras agrupaciones extremistas regionales, como el brutal Estado Islámico…

¿Quién gana ahora?, todo parece indicar que Oriente Medio ya esta en su totalidad en manos chinas. y será de las primeras naciones que reconozca el nuevo estado.

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