¿Necesita África un plan Marshall?

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Entre la multitud de inmigrantes que esperan en México para obtener asilo en los Estados Unidos hay miles de africanos que exigen audazmente el ingreso al país. Están mucho más coordinados que sus contrapartes de caravanas centroamericanas y han formado una organización oficial para difundir su mensaje y abogar en su nombre. El grupo acusa a las autoridades mexicanas de discriminación y racismo y está ordenando a México que otorgue visas que les permitan continuar su viaje hacia el norte para buscar “protección” en Estados Unidos.

Los africanos están encerrados en Tapachula, en el sureste del estado mexicano de Chiapas, en la frontera con Guatemala. Viajaron durante dos meses y cruzaron ocho países para llegar a México, afirman en una declaración de misión que describe su sufrimiento y sus demandas. “Hemos escalado montañas y valles”, se lee en el documento. “Hemos cruzado ríos con fuertes corrientes. Hemos dormido en medio del lodo. Pasamos hambre y bebimos agua de lluvia para sobrevivir. Hemos visto cuerpos de hermanos inmigrantes en el camino, muertos de agotamiento o ahogados en los ríos. La jungla está poblada por animales salvajes, serpientes e insectos venenosos. En ese territorio también hay delincuentes que atacan a las personas, que violan a niñas y mujeres, matando a quienes intentan resistir. Muchos de nosotros hemos perdido todas nuestras pertenencias, incluidos nuestros documentos oficiales. Hemos pasado por ciudades y pueblos extremadamente peligrosos. Teníamos que escondernos. Hemos sufrido extorsiones y amenazas por parte de las autoridades en Panamá, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México”.

Se describen a sí mismos como la Asamblea de Migrantes Africanos en Tapachula, un grupo de 3.000 hombres, mujeres (muchas embarazadas), niños y niñas de varias naciones africanas, incluidos Angola, Burkina Faso, Camerún, Eritrea, Etiopía, Ghana, Guinea Conakry, Liberia, Malí, Mauritania, Congo, Senegal, Sierra Leona y Togo Afirman que abandonaron África porque sufrieron “persecución política” debido a sus creencias religiosas e “identidades socioculturales”. También escribieron en la declaración que su patria está “empobrecida y sometida por las potencias occidentales” aunque aspiran a obtener asilo en un nación considerada como una potencia occidental. “Desde que dejamos nuestros países, para nosotros la vida ha sido un escape permanente”, según la declaración de la misión. “Sentimos desesperación, desesperanza, miedo, desmoralización, soledad y abandono”.

Los migrantes africanos quieren que el gobierno mexicano los procese colectivamente, en lugar de individualmente, y exigen mejores alojamientos, así como la libertad de abandonar Tapachula donde se sienten “bloqueados y desesperados”. Insisten en que es su derecho viajar al norte “en busca de protección en los Estados Unidos o Canadá ” y que México tiene la obligación de otorgarles visas sin demora para que puedan mudarse de Tapachula. Mientras se encuentran en el país anfitrión, “requieren asistencia humanitaria urgente en asuntos de alimentación, vivienda, salud e higiene, para evitar el deterioro de nuestra salud física y mental y la pérdida de vidas”.

Una demanda más, los africanos quieren garantías de la policía mexicana de que no habrá “represalias” cuando realicen protestas violentas, incluido el bloqueo del acceso a la sede federal local de inmigración para que los empleados no puedan ir a trabajar. Durante uno de los levantamientos, los policías mexicanos sufrieron lesiones, mordiscos y otras heridas causadas por rocas arrojadas por los africanos. Un medio de noticias mexicano presenta un video de la revuelta. Hace unos días, cientos de personas de la Asamblea de Migrantes Africanos marcharon por las calles del vecindario exigiendo “tránsito libre” a través de México, según otro informe de noticias local. Los africanos no quieren quedarse en México, aseguran.

Un número récord de africanos han llegado a México este año con la intención de llegar a los Estados Unidos, según datos proporcionados por el Ministerio del Interior de México. Las cifras se publicaron a principios de este año en una historia internacional de noticias que indica que el número de africanos registrados por las autoridades mexicanas se triplicó en los primeros cuatro meses de 2019 en comparación con 2018. Su objetivo es ir a los Estados Unidos.

Para poder llegar hasta México han atravesado cuanto menos ocho países con sus fronteras y dos meses de camino. Hemos corrido muchos riesgos, el primero el viaje mismo. Hemos atravesado el océano para llegar a este continente. Hemos caminado miles de kilómetros. Sin embargo observése que el viaje es en avión en la mayoría de los casos y estos salen de Nigeria (vuelo directo), y se necesita visado para entrar en Ecuador. ¿Como sortean los controles del aeropuerto de salida?. 

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El número de africanos registrados por las autoridades mexicanas se triplicó en los primeros cuatro meses de 2019 en comparación con el mismo período del año anterior, llegando a unas 3.000 personas, principalmente de Camerún y la República Democrática del Congo (RDC), que sigue siendo muy inestable años después. El final de un sangriento conflicto regional con sus vecinos que provocó la muerte de millones de personas.

Los inmigrantes que compiten por entrar en la frontera sur de los Estados Unidos son principalmente centroamericanos. Pero un número cada vez mayor de un puñado de países africanos se unió a ellos, lo que provocó llamadas de Trump y México para que otros países de América Latina hagan su parte para frenar la inundación general de migrantes.

Su destino escogido es mucho más lejos y complicado que Europa, pero África no cabe, ni en los EE.UU., ni en Europa, lo deseable sería un “plan Marshall para África”

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2 comentarios

  1. Querido José Manuel:

    Muchos lo habíamos pensado de una forma u otra. Tú le has puesto nombre, un buen nombre, por cierto.
    Me adhiero a la moción con entusiasmo.
    Ojalá nos escuchen. Se actúe en origen y se acabe este “negocio de tráfico de seres humanos”.
    Lo voy a dejar ahí.
    Hoy quiero ser positivo.
    Un fuerte abrazo,
    José Manuel del Pozo González

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