El Genocidio yazidí, ignorado.

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Los yazidíes permanecían ocultos al mundo hasta que aquel fatídico agosto del 2014, cuando el estado Islámico atacaron Sinyar arrasando todo a su paso, asesinando, quemando y secuestrando. Unas 200.000 personas huyeron y algunos consiguieron escapar a las montañas y cruzar hasta Siria gracias a la protección de los milicianos kurdos del YPG, quienes abrieron un corredor, pero cerca de 3.300 personas se “cree” fueron asesinados. La mayoría de los que se creen aún vivos estarían en zonas como la comarca de Tel Afar, en el norte de Irak, y en la ciudad siria de Al Raqa.

Estas historias terroríficas deberían figurar en los titulares de todo el mundo, pero lamentablemente han sido ignoradas. En cambio, se ha dado mucha cobertura mediática a Shamima Begum, mujer de origen británico que huyó del Reino Unido en 2015 para unirse al ISIS en Siria e intentó volver a casa el pasado mes de febrero. El caso de Begum ha provocado un debate general sobre el estatus y el tratamiento de los yihadistas que regresan a Occidente y quieren recuperar la residencia y conservar la ciudadanía de sus países de origen o naturalización.

Algunos analistas han pintado a Begum como víctima del “acoso” y el “lavado de cerebro” de los terroristas del ISIS a los que se unió. Ahora bien, el mes pasado, en una entrevista a Sky News, Begum declaró que había sido plenamente consciente de las decapitaciones y demás atrocidades cometidas por el ISIS antes de irse a Siria. “Conocía esas cosas y no me parecían mal”, dijo. “Porque, ya sabes, empecé a hacerme religiosa justo antes de irme”. Por lo que oía, desde el punto de vista islámico, eso estaba permitido. Cuando se le preguntó si se había cuestionado todo eso, Begum respondió: “No, en absoluto”.

La Free Yezidi Foundation, que exige justicia para las víctimas y supervivientes del genocidio del ISIS, expresó su indignación y frustración por la atención empática que Begum, que se unió voluntariamente al ISIS, estaba recibiendo de ciertos políticos en Gran Bretaña. Dirigiéndose a la diputada británica Diane Abbott, que dijo que convertir a Begum en “apátrida” era “cruel e inhumano”, la Fundación tuiteó:

¿Sabía que algunas de nuestras niñas, de tan sólo SEIS AÑOS, fueron literalmente vendidas en mercados de esclavas en territorio del #ISIS? Cuando los hombres salían a luchar, eran las #NoviasDelISIS quienes las encerraban en las casas.

Además, eran las #NoviasDelISIS quienes duchaban, vestían y maquillaban a las mujeres y niñas #yazidíes #yezidíes a fin de prepararlas para que fueran violadas colectivamente o vendidas. Muchos atacantes eran hombres o mujeres #británicos, ¿quizá sería mejor llamar la atención sobre el genocidio cruel e inhumano que cometieron?

El pasado día 15 de marzo un grupo de yazidíes se concentró ante la Casa Blanca para pedir a la Administración Trump que localice o rescate a los 3.000 niños y mujeres que se calcula han sido capturados, retenidos o asesinados por terroristas del ISIS.

Los manifestantes llamaron la atención sobre un reciente incidente en el que combatientes del ISIS, al huir de uno de sus últimos bastiones en el este de Siria, decapitaron a 50 mujeres yazidíes que habían sido esclavas sexuales de la organización terroristas. La mayoría de los participantes en la protesta eran supervivientes de los ataques genocidas del ISIS contra los yazidíes (2014), minoría indígena no musulmana en Irak, Siria y Turquía.

Según un estudio de 2017 publicado en el semanario PLOS Medicine, en agosto de 2014;

se calcula que se mató a 3.100 yazidíes en Irak, casi la mitad fueron ejecutados –fusilados, ejecutados o quemados vivos–, mientras que el resto murió en el monte Sinyar de hambre, deshidratación o heridas durante el asedio del ISIS. El número estimado de personas secuestradas es de 6.800. Los que lograron escapar contaron los abusos que habían sufrido, entre los que se cuentan la conversión forzosa, la tortura y la esclavitud sexual. Alrededor de un tercio de los secuestrados seguían desaparecidos en el momento del estudio. Todos los yazidíes fueron objetivo del ISIS, al margen de su edad y sexo, pero los niños se vieron desproporcionadamente afectados. Tenían la misma probabilidad de ser ejecutados que los adultos, pero fueron el 93% de los que murieron en el monte Sinyar. Además, los menores fueron sólo un 18,8% de los que lograron escapar de la cautividad”.

Es abominable que el bienestar de estas mujeres y sus bebés reciba tanta atención, en vez de los MILES de mujeres que fueron secuestradas y obligadas a esclavizarse por su organización (con la participación de las mujeres del ISIS).

Salim Shingaly, activista yazidí de Irak. Mientras confiábamos en reunirnos con los niños y mujeres yazidíes secuestrados por los terroristas del ISIS, nos enteramos hace poco de que 50 de ellos habían sido decapitados. En cambio, esas personas que violaron y mataron a nuestras mujeres pueden volver con libertad a sus países y llevar vidas normales. Esto nos hace sentir que no tenemos valor como seres humanos a ojos de los demás; estamos a punto de perder nuestra fe en la humanidad.

Hayi Ali Hameka, otro activista e intérprete yazidí, expresó su consternación por el reciente caso de una superviviente del genocidio aterrorizada tras haberse encontrado a su captor y violador del ISIS en Canadá. “Es muy decepcionante escuchar que los Gobiernos occidentales están permitiendo retornar con impunidad a los criminales que han violado y decapitado a personas inocentes”, afirmó; y recalcó:

Un criminal es un criminal, sea hombre o mujer, de Occidente o de Oriente Medio. La ley debe prevalecer en todas partes. No creo que exista un combatiente del ISIS que no haya violado o matado. El castigo por sus actos debería ser severo. ¿Cómo puede permitir Canadá que todos esos terroristas se muevan por ahí en completa libertad?

El día de la manifestación en Washington, el Gobierno iraquí y la ONU empezaron a exhumar una fosa común en Sinyar, en presencia de la premio Nobel de la Paz Nadia Murad, cuyos parientes asesinados están, según se cree, enterrados en esa zona. En la web oficial de Murad se dijo que era la primera exhumación de una fosa común con restos de yazidíes asesinados por sus captores del ISIS.

Occidente no debería deje entrar de nuevo a cualquiera de estos combatientes del ISIS, o a sus novias. Deberían ser encarcelados y enjuiciados en Irak por un tribunal internacional por lo que han hecho en Siria e Irak. Cada uno de ellos ha defendido una ideología peligrosa. Debería ser evidente para los Gobiernos occidentales que los terroristas del ISIS representan un enorme riesgo para los países que les están dejando volver.

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